Rusia despide a Gorbachov en un funeral sin líderes occidentales

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En una ceremonia deslucida y más breve de lo habitual miles de moscovitas se despidieron en Moscú del primer y último presidente soviético, Mijaíl Gorbachov. Lo hicieron en la capilla ardiente instalada en el Salón de las Columnas de la Casa de los Sindicatos. Pocas horas después, recibió sepultura en el cementerio Novodiévichi, de Moscú, en el mismo lugar en donde yace su esposa Raísa, fallecida en 1999.

Sin ceremonia religiosa previa, como establecen los cánones de los funerales de Estado en Rusia, los restos mortales de Gorbachov, que falleció el martes a la edad de 91 años en el Hospital Central Clínico de Moscú a causa de una insuficiencia renal, llegaron a la capilla ardiente fuera del horario previsto. Primero se dijo que los moscovitas podrían acudir a rendir homenaje y dar su último adiós al exlíder de la Unión Soviética a las diez (una hora menos en España), después a las doce y, al final, el recito del Salón de las Columnas en la Casa de los Sindicatos abrió sus puertas al público hacia las diez y cuarto.

Desde primeras horas de la mañana de un día fresco, aunque con el cielo despejado, miles de moscovitas se agolparon para dar la despedida al inspirador de la perestroika, el programa de reformas que democratizó un poco la URSS y la terminó llevando a su desintegración. Toda la manzana que rodea a la Casa de los Sindicatos, al Teatro Bolshói y al edificio de la Duma Estatal (Cámara Baja del Parlamento) fue acordonada por la Policía.

Se formaron varias colas para acceder a la capilla ardiente en las calles adyacentes y fue obligatorio pasar a través de los detectores de metales colocados por los agentes. Una vez en el interior, los asistentes desfilaron frente al féretro, a una distancia de unos cuatro metros, y colocaron flores en una repisa instalada longitudinalmente.

Pasadas las dos de la tarde, la capilla ardiente fue clausurada y la comitiva salió hacia el cementerio de Novodiévichi, en donde se celebró el entierro sin salvas de honor. Por decisión del presidente Vladímir Putin, estas exequias no han tenido significación de Estado. Ya lo avisó esta semana el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, quien, no obstante, aseguró que «algunos elementos de ceremonia de Estado», sí tendrá el sepelio. Señaló en concreto la presencia de la Guardia de Honor presidencial, dos de cuyos militares velaban el cuerpo de Gorbachov a ambos lados del ataúd , que eran vistosamente relevados periódicamente por otros miembros regimiento.

Peskov habló también de cierta «ayuda» del Estado a la familia del difunto para organizar el entierro. Y ahí termina todo el carácter estatal del evento. De hecho, ni siquiera Putin hizo acto de presencia durante los funerales. «Por motivos de agenda», aseguró su portavoz. El presidente ruso se limitó el jueves a acudir por la mañana a la morgue del Hospital Central Clínico de Moscú para depositar un ramo de flores junto al féretro del fallecido dirigente soviético.

Salvo el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ningún otro líder occidental acudió a Moscú para despedirse de Gorbachov. Después del inicio de la invasión de Ucrania por las tropas rusas, el pasado 24 de febrero, se suspendieron los vuelos entre Rusia y la mayor parte de los países de Occidente, lo que complica enormemente la tarea de desplazarse a la capital rusa.

Sí estuvieron presentes los embajadores de Alemania, Géza Andreas von Geyr; Estados Unidos, John Sullivan; España, Marcos Gómez Martínez; Francia, Pierre Levy; y el Reino Unido, Deborah Bronnert. También pasaron por la capilla ardiente el expresidente ruso Dmitri Medvédev, el director del bisemanario ruso ‘Nóvaya Gazeta’ y Premio Nobel de la Paz, Dimitri Murátov; el exdiputado y dirigente liberal ruso, Grigori Yavlinski; y la legendaria cantante, Alla Pugachova, que abandonó su país tras la invasión de Ucrania, vive ahora en Israel y ha decidido volver a Moscú para despedirse de Gorbachov.

Recuerdo ambivalente

El nombre de Gorbachov pasará indudablemente a la historia como el hombre que trató de reformar el sistema comunista, se quemó políticamente en el intento y llevó a su país a la desaparición al quedar desintegrado en 15 Estados. Muchos líderes y figuras públicas occidentales han destacado estos días el papel de Gorbachov en el final pacífico de la Guerra Fría y su compromiso con los ideales humanistas. En Rusia, sin embargo, la sociedad está dividida en torno a su legado, ya que muchos consideran que fue un dirigente «débil» y algunos hasta le tachan de «traidor» por propiciar la caída del comunismo, la desintegración de la URSS y la disolución del Pacto de Varsovia, que llevó a la pérdida de influencia de Moscú sobre los países del Este europeo.

El que sí tuvo unas exequias de alto nivel fue su sucesor, Borís Yeltsin, fallecido el 23 de abril de 2007. Su funeral, en la Catedral de Cristo Salvador, fue oficiado por tres metropolitas ortodoxos. Fue enterrado en el cementerio de Novodiévichi con las salvas de una decena de piezas de artillería. Además, como sucedía con los grandes dirigentes comunistas durante la época soviética, Iósif Stalin, entre ellos, su cuerpo estuvo expuesto en el Salón de las Columnas todo el día y la noche, no apenas cuatro horas como ha sido el caso de Gorbachov.

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